Ella Mato a su Madre
El Crimen Se Concretó, Y Ambos Fueron Condenados: El Chico A Cadena Perpetua Y Gypsy A 10 Años De Cárcel.
Aleah era la hija de Amy Pinegar, tenía 23 años y trabajaba como investigadora de reclamos médicos. Consideraba a Gypsy como una hermana pequeña, y claramente Gypsy también la sentía así. Pero casi nunca estaban a solas, ya que la madre de Gypsy no se separaba de ella. Así que Gypsy habló con Amy a través de una cuenta secreta de Facebook, bajo el nombre Emma Rose.
“Esta es mi cuenta personal, mi mamá es muy sobre protectora y no sabe que tengo esta cuenta”, escribió Gypsy en Octubre de 2014. Luego le dijo que había conocido a un hombre a través de una página de solteros cristianos. Le contó a Aleah que estaba enamorada de él. Gypsy aún no le había dicho nada a su madre. Sabía que Dee Dee no lo aceptaría, le prohibía salir en citas, aunque ella quería madurar y tener un novio como otras chicas de su edad.
“Una vez le dije algo malo a mi mamá, le dije que deseaba que tu mamá fuera mi mamá en lugar de ella, porque la señora Amy deja que Aleah salga con quien ella quiera, y eso le dolió”, escribió Gypsy.
Gypsy le dijo que el nombre de su nuevo novio era Nicholas Godejohn. Hablaban desde hacía más de dos años. A él no le importaba que ella estuviera en una silla de ruedas. Y Gypsy planeaba casarse con él. Ambos eran católicos. Ya sabían qué nombres le darían a sus hijos. Ella tenía un plan para que Dee Dee conociera a Nick por casualidad en el cine local, y luego Gypsy le hablaría sobre su relación.
No era la primera vez que Gypsy hablaba sobre chicos con Aleah. Gypsy intentó conocer hombres en línea en otras ocasiones, y a pesar de lo que contaba Dee Dee sobre la mente de siete años de Gypsy, ella pensaba cada vez más sobre romance y sobre sexo. Aleah estaba preocupada. Gypsy siempre le había parecido muy inocente. En Octubre de 2014, escribió: “Yo tengo 18. Nick… tiene 24”. Godejohn era seis años mayor que ella.
Además, Gypsy hablaba sobre la relación de una manera extraña. “Era como una especie de cuento de hadas”, me contó Aleah tomando un café en Springfield el otoño pasado.
Además le preocupaba Dee Dee: en 2011, discutió con ella sobre sus charlas con Gypsy, y en esa ocasión le dijo que estaba corrompiendo a su hija. “No le contaré a tu mamá sobre las cosas que dijiste”, le dijo a Aleah. “Pero no quiero que le hables más a Gypsy de esa manera”. Dee Dee le prohibió a Gypsy usar el teléfono y la computadora durante un tiempo. Sin embargo, Gypsy siempre se las arreglaba para evitar la vigilancia de su madre y contactarse con Aleah. No obstante, las jóvenes se veían cada vez con menos frecuencia, y luego de los mensajes sobre Nick Godejohn en otoño de 2014, Aleah no volvió a saber de Gypsy.
Medio año después, como parte de la multitud que se reunió frente a la casa, a Aleah se le ocurrió que la policía debería saber sobre esto. Les mostró los mensajes de Facebook y anotaron el nombre. La dirección IP estaba registrada a nombre de Nicholas Godejohn en Big Bend, Wisconsin.
El 15 de Junio, un grupo de oficiales del condado de Waukesha, Wisconsin, fueron enviados a la casa de Godejohn. Hubo una breve resistencia. Nick se rindió con rapidez. Afortunadamente, Gypsy estaba con él, ilesa y saludable. Por un momento, todos se aliviaron.
“Las cosas no siempre son lo que parecen”, dijo el sheriff de Springfield la mañana siguiente, en una conferencia de prensa.
Resultó que, en realidad, Gypsy no usó ninguna silla de ruedas desde el momento en que dejó su hogar, días atrás. No las necesitaba. Podía caminar perfectamente, no tenía ningún problema en sus músculos, ni siquiera llevaba un tubo de oxígeno o medicación. Su cabello estaba corto y puntiagudo, pero no era calva — toda su vida le afeitaron la cabeza para hacerla pasar por enferma. Hablaba sin problemas, aunque estuviera un poco perturbada por lo que sucedió. No habían rastros de la niña discapacitada que todos conocían. Contó a la policía que todo fue un fraude. Toda su vida. Hasta el mínimo detalle. Su madre la obligó a hacerlo.
“Simplemente rompí en llanto”, dijo Aleah, avasallada por lo increíble de todo lo que sucedió.
Kim Blanchard también lloró. “En ese momento pensé: ‘No sé nada sobre esta persona. ¿Qué estuve creyendo todo este tiempo? ¿Cómo pude ser tan estúpida?’”.
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